Qué es la miopía y cómo tratarla

Afecta a ambos sexos, a todas las edades, la miopía es uno de los problemas más comunes de la vista a nivel mundial. Hoy vamos a contarte qué es la miopía y cómo tratarla, por qué aparece, cómo puede evolucionar con el paso del tiempo y qué opciones existen actualmente para corregirla y controlar su progresión.

Lo primero que debes tener claro es que no es una enfermedad, es un defecto de la refracción de la luz que entra en el ojo, por lo que el enfoque de la luz no se efectúa directamente sobre la retina sino delante de ella. Como consecuencia, los objetos que están lejos se ven borrosos, mientras que la visión cercana suele mantenerse más nítida.

Esta visión borrosa a distancia puede manifestarse en situaciones cotidianas como dificultad para leer señales de tráfico, reconocer rostros a distancia, ver la pizarra en clase, identificar carteles o enfocar correctamente pantallas situadas a cierta distancia.

En la actualidad, el aumento del uso de dispositivos digitales y la reducción del tiempo al aire libre están haciendo que la miopía aparezca antes y progrese con mayor rapidez, especialmente entre niños y adolescentes.

Factores que favorecen la aparición de la miopía

Señales o síntomas de la miopía

El principal factor que provoca miopía es el hereditario. Los hijos de padres con miopía tienen más probabilidades de desarrollar este defecto visual, especialmente si ambos progenitores son miopes.

Sin embargo, la genética no actúa sola. En los últimos años estamos observando una clara influencia de los hábitos visuales y del estilo de vida actual. El uso intensivo de pantallas, el trabajo prolongado en visión cercana y la falta de exposición a la luz natural están contribuyendo de forma directa a la aparición y progresión de la miopía.

Otros factores que influyen en la aparición y evolución de la miopía son los hábitos personales de cada persona. Estos hábitos perjudiciales para la salud ocular incluyen:

  • Trabajar muchas horas delante de un ordenador, móvil o tablet
  • Pasar poco tiempo al aire libre y con luz natural
  • Leer textos durante mucho tiempo sin descansar la vista
  • Realizar tareas de cerca con iluminación insuficiente
  • Enfocar pantallas a distancias muy cortas durante periodos prolongados

Diversos estudios han demostrado que la exposición a la luz natural ayuda a regular el crecimiento ocular. Por el contrario, el exceso de tiempo en interiores, combinado con un esfuerzo visual constante en distancias cortas, puede favorecer un crecimiento anormal del globo ocular, acelerando la progresión de la miopía. Este fenómeno es especialmente relevante en niños y adolescentes, y se conoce popularmente como miopía asociada al entorno digital.

Tipos de miopía

Por un lado tenemos la miopía simple, que es aquella que se corrige con una graduación no superior a las 6 dioptrías. Este tipo de miopía suele aparecer en la infancia o adolescencia y va evolucionando progresivamente hasta que la persona alcanza aproximadamente los 23–24 años de edad, momento en el que suele estabilizarse.

Por otra parte, encontramos la miopía magna, conocida también como miopía patológica. Este tipo es progresiva y puede empeorar a medida que la persona se hace mayor. Se considera miopía magna cuando la graduación supera las 6 dioptrías.

La miopía magna requiere un control más exhaustivo, ya que puede asociarse a un mayor riesgo de complicaciones oculares, como el glaucoma, degeneraciones retinianas o desprendimiento de retina. Por este motivo, el seguimiento periódico es fundamental para detectar cualquier alteración a tiempo.

Señales o síntomas de la miopía

Una de las primeras señales que debe ponerte en alerta es la dificultad para enfocar objetos lejanos, especialmente después de haber cerrado los ojos o tras un periodo prolongado de esfuerzo visual.

Además de eso, debes prestar atención a estos síntomas:

  • Dificultad para leer señales de tráfico, carteles o pizarras
  • Necesidad de entrecerrar los ojos para enfocar mejor
  • Visión deficiente por la noche o aparición de halos alrededor de las luces
  • Dolores de cabeza después de leer, estudiar o ver la televisión
  • Fatiga ocular tras el uso prolongado de pantallas
  • Ojos secos, sensación de escozor o necesidad frecuente de frotarse los ojos

En niños, estos síntomas pueden manifestarse de forma indirecta: bajo rendimiento escolar, dificultad para seguir la pizarra, rechazo a actividades que requieren visión lejana o tendencia a acercarse mucho a libros y pantallas.

El primer paso para prevenir la miopía o frenar su avance es la realización de exámenes de la vista periódicos. Estos exámenes deben realizarse al menos cada dos años, y preferiblemente desde la etapa escolar.

En personas con antecedentes familiares o en niños y adolescentes, lo más recomendable es acudir al optometrista una vez al año. El optometrista realizará diferentes pruebas para confirmar o descartar un diagnóstico de miopía, como la refracción, la medición de la agudeza visual, la evaluación binocular y el control de la presión ocular.

Soluciones para la corrección de la miopía

Hábitos visuales para frenar la progresión de la miopíaEn caso de efectuarse un diagnóstico positivo de miopía, el optometrista prescribirá gafas graduadas o lentes de contacto con las dioptrías necesarias para cada paciente.

Las gafas graduadas son la opción más sencilla y accesible. Permiten redirigir correctamente la luz hacia la retina y mejorar la visión a distancia, reduciendo el esfuerzo visual y los dolores de cabeza asociados.

Las lentes de contacto son una alternativa muy utilizada por personas que buscan mayor libertad de movimiento o practican deporte. Ofrecen un campo visual más amplio y una visión más natural, sin las limitaciones de las monturas.

Otra alternativa a las lentes graduadas tradicionales y a las lentillas son las Lentes Orto-K. Este tipo de lentes de contacto especiales se utilizan durante la noche mientras el paciente duerme.

A través de la ortoqueratología, se corrige temporalmente la curvatura de la córnea, permitiendo que durante el día el usuario pueda ver con claridad sin necesidad de utilizar gafas o lentillas. Este tratamiento resulta especialmente interesante en niños y adolescentes, ya que diversos estudios han demostrado que puede ayudar a ralentizar la progresión de la miopía.

En algunos casos, y siempre bajo valoración médica especializada, también existen opciones quirúrgicas que pueden considerarse en la edad adulta.

Hábitos que ayudan a frenar la progresión de la miopía

Además de la corrección óptica, adoptar hábitos visuales saludables puede marcar una gran diferencia, especialmente en niños, adolescentes y personas que pasan muchas horas frente a pantallas.

Algunas recomendaciones prácticas son:

  • Aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar un objeto situado a unos 6 metros durante 20 segundos.
  • Pasar más tiempo al aire libre, ya que la exposición a la luz natural se asocia con un menor riesgo de progresión de la miopía.
  • Limitar el uso prolongado de pantallas y realizar pausas visuales frecuentes.
  • Utilizar una iluminación adecuada al leer, estudiar o trabajar con dispositivos digitales.
  • Realizar revisiones visuales periódicas para detectar cualquier cambio a tiempo.

La fatiga visual digital no solo causa molestias momentáneas, sino que puede contribuir a la progresión de la miopía si se mantiene en el tiempo. Por eso, combinar corrección óptica con buenos hábitos es clave para proteger la visión a largo plazo.

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Nuestro equipo profesional de optometristas estará encantado de explicarte personalmente qué es la miopía, valorar tu caso y ayudarte a encontrar la mejor solución para el diagnóstico, corrección y control de la miopía, siempre adaptada a tus necesidades y estilo de vida.